| |
Historia del fundador.
Siempre hay una historia para contar en la vida de cada uno de nosotros; detrás de cada recuerdo que abrigamos en nuestra mente, detrás de cada palabra y de toda acción hay pequeñas y grandes historias para contar.
Los primeros recuerdos de mi niñez son de un cuadro impresionante. Por un lado, mi padre con su caminar apresurado trabajando día y noche en su renovadora de calzado, y mi madre a su lado como su fiel compañera, forjada en mil sacrificios para ayudar a papá y cuidar de sus 9 hijos. Había muchas necesidades materiales en casa por lo cual era necesario que todos trabajemos, aun yo que era el ultimo y apenas tenía 6 años. Como cualquier niño, tenía muchos sueños y uno de ellos era que llegada la navidad Papa me regalara un paseo en caballo y ese famoso “carro de juguete” que siempre quise; pasaron muchas navidades y ese sueño no se cumplía. En el negocio de papá aprendí a pegar suelas de zapatos, cortar pedazos de cuero (a veces cuando veo mis manos recuerdo algunos cortes y el ingenio de papá para curarme con pegamento); aprendí a lustrar zapatos y conocer niños de mi edad que también trabajaban. Todos tenían sueños: ser doctores, profesores, abogados, ingenieros etc., y la frase “cuando yo sea grande era familiar entre nosotros…” En medio de ese ambiente vi la vida en muchas facetas, dolor, alegría, hambre, escasez, seguridad, peligro, buenos amigos y malos amigos. Uno de mis mejores amigos se llamaba Felipe, el tenía 5 años y no tenía padres.
Me hice joven y luego sucedió lo más maravilloso: ¡Conocí a Cristo! Esta decisión cambio mi vida por completo y desde los comienzos de mi vida cristiana decidí buscar al Señor con todo mi corazón.
Recuerdo que una tarde saliendo del trabajo sucedió una experiencia que no podré olvidar jamás; una niña pobre en el centro de la ciudad se abrazó fuertemente a mi panetón especial que llevaba a casa para celebrar la navidad, logre quitarle mi panetón a esa niña de 4 años y fui camino a casa, por varios minutos seguí caminando pero ese día sentí el poder abrumador de Dios que me decía: ¡vuelve, pídele perdón y entrega tu panetón!, luché con esta idea hasta que finalmente lo hice y nunca olvidaré esa sonrisa tímida y tierna de la niña acariciando mi panetón y comiéndoselo con emoción; recuerdo acercarme con mucha vergüenza a su madre que vendía caramelos para pedirle perdón y decirle que yo era cristiano; ella con una sonrisa en sus labios me dijo que ella también era cristiana y que esa mañana su niña había orado a Dios pidiéndole como regalo un panetón; en ese momento comencé a llorar porque recordé que yo también con 5 años le pedía a Dios que me diese un regalo en navidad. Esa tarde hice un pacto con Dios de que nunca más me quedaría en casa celebrando la navidad en familia, sino que buscaría niños pobres para darles el amor de Cristo y un juguete que los haga reír. Cada navidad (24 de Diciembre) he buscado niños pobres para darles mucho amor y bendiciones materiales; por un tiempo lo hice sólo, después con mi esposa y mis hijos, mas tarde con voluntarios de la iglesia y esas sonrisas eran el mejor regalo después de agotadoras jornadas por lugares muy pobres.
Hoy, este sueño se esta haciendo realidad; desde que se fundó Corazones Felices son más de 3000 niños bendecidos, que están entendiendo el valor de un abrazo, la siembra de una semilla de vida y la esperanza de que sus sueños así como los míos, puedan hacerse realidad, algún día.
Un día, por fin pude pasear en caballo y aunque ya era joven y casado me sentí como un niño. Pasados los meses mamá me envió un regalo envuelto cuidadosamente, era un precioso carrito de juguete. Comprendí una vez más la alegría de muchos niños, de los muchos niños que todavía pueden soñar. Tengo una misión: es bendecir a los niños pobres que viven en mi ciudad. ¡Señor ayúdame a cumplir con este desafío y mueve el corazón de personas que tengan esta misma pasión en sus corazones para que alcancemos este sueño!! |
|
 |
|
 |
 |